sábado, 2 de marzo de 2024

Entropía: caos y control, una cuestión de medida

 SOCIEDAD Y ORGANIZACIÓN

Entropía: caos y control, una cuestión de medida

(equilibrio y crisis en la organización individual y social) 

Por Alberto Farías Gramegna

textosconvergentes@gmail.com

“Nosotros causantes también del universo, de su creación y de su futura destrucción”- Baudelaire

D

icho de manera simplista “entropía” alude al  grado de desorden que tiene o tiende a tener un sistema, cualquiera sea su naturaleza: biológica, social, organizacional, comunicacional, etc.

La palabra deriva del griego y podríamos asimilar su significación a la transformación o cambio de calidad de un orden originalmente determinado por la interacción de sus propias características internas con las de su entorno. Siendo la entropía un patrón de medida nos dirá algo acerca del grado de organización o desorganización presente en un sistema y de su tendencia. Se ha mostrado que los sistemas aislados tienden al desorden, concibiendo ese desorden como una tendencia al caos con el correr del tiempo.

Por “caos” aludimos a la dinámica resultante de sistemas que evolucionan de manera inestable, con arreglo a una gran dependencia de las condiciones iniciales, siendo esta dependencia una característica central de los procesos caóticos, que parecen oscilar entonces entre lo imprevisible y lo recurrente. Por eso lo caótico no es -en sentido estricto- aleatorio (producto neto del azar) ya que su imprevisibilidad sería relativa solo al corto plazo y no a proyecciones de lapsos extendidos.

Caos y control

Al aplicar el concepto de entropía al mundo de la comunicación humana en el ámbito de las organizaciones (cualquiera sea el ámbito de actividad) esperamos percibir el grado de incertidumbre (desorden de las certezas) que un mensaje genera en el receptor. Por ejemplo, una directiva de un directivo a su empleado: a mayor incertidumbre acerca de las consecuencias positivas o negativas de un mensaje, mayor tendencia al desorden de un sistema de comunicación efectivo. Si la certeza sobre los objetivos de una directiva es absoluta, diremos que la entropía es nula, pero -como veremos después- también será nulo el movimiento y la creatividad del receptor.

La relación entre orden y caos es dialéctica: para que exista un orden debe referirse a una potencial situación de desorden.

En ciertos ámbitos productivos en que la organización del trabajo se presenta incierta en cuanto a su “racionalidad operativa”, justamente los patrones de comunicación suelen ser ambiguos generando incertidumbre en relación con las expectativas de las tareas y los procedimientos involucrados en ellas. La consecuencia de esta situación es una pérdida paulatina del orden original y una tendencia a la disminución de la calidad de los resultados, además de la aparente imprevisibilidad del surgimiento de dificultades, errores y siniestros que son así definidos como “accidentales”, productos precisamente de lo aleatorio. Sin embargo, este escenario pareciera responder más a los sistemas “caóticos”, ya que son las “condiciones iniciales” de estilo de gestión, liderazgo, comunicación, conflictos y organización del trabajo conforme a los puestos y roles, etc., las que empujan y direccionan circularmente al sistema.

El desorden resultante percibido como anárquico, azaroso, o errático sería en verdad un producto recursivo de una inestabilidad caótica que oscila entre factores instituidos latentes, (variables ocultas sin resolver, intereses discrecionales, mitos o conflictos irresueltos) que podemos asimilar a lo que lo que se denominan polos “atractores” y “lo contingente cotidiano” (circunstancias instituyentes que surgen efectivamente aleatorias y por tanto no previsibles).

En otras palabras, decimos que hay un cierto orden (caótico por lo sesgado) en el desorden (azaroso en apariencia). Es decir, un “desorden organizado”, no por alguien sino por la “naturaleza caótica” del sistema mismo.

Entropía y sociedad

Luego, los estilos dirigidos a mantener un orden sostenido en relaciones acríticas de poder -que no admiten las expresiones  reflexivas instituyentes de ida y vuelta, ni pluralidad de estilos coexistentes y convergentes en una tarea de interés común y en un ambiente de libertad e iniciativa personal creativa- son propios de estilos de “liderazgos directivos”, sean de tipo autocrático o no, con rutinas unidireccionales que tienden a crear sistemas cerrados sobre una única lógica de comunicación: la vertical descendente, sin realimentación. Esto en teoría crea la ilusión de tener el control sobre la tendencia al desorden, -lo que se observa especialmente en los ambientes laborales- al tiempo que impediría cualquier intento protagónico de abrir creativamente la organización de las tareas comunes, sin burocratizarlas innecesariamente.

Sin embargo, a largo plazo, estos sistemas de control, al aislarse y limitar al máximo los intercambios con otros sistemas que los cuestione, desnaturalizan sus presuntos objetivos perdiendo capacidad de realimentación positiva y consolidando prácticas discrecionales cada vez menos efectivas, como, por ejemplo, dificultades crecientes en la eficacia y la eficiencia para con el afuera del grupo social de pertenencia y referencia. Esto, con el tiempo, se manifiesta como tendencia al burocratismo y la discrecionalidad a favor de mantener un equilibrio interno cristalizado: por ejemplo, en el caso de una organización laboral suele suceder que ha perdido flexibilidad adaptativa.

La falacia de la entropía nula

Lo que es propio para analizar a las organizaciones puntuales, “mutatis mutandis”, puede ser aplicado -tomando los recaudos pertinentes a la multiplicidad de otros factores incidentes- para entender la deriva sociocultural y política de las sociedades bajo sesgos autocráticos, sean demagógicos populistas, autoritarios o directamente de formato totalitario, que tienen la ilusión de “controlarlo todo”. Un absurdo fáctico que se observa tanto en lo micro como en lo macro, en ignotos jefes de oficina o en funcionarios públicos.

Así, mantener una presunta entropía “nula” es finalmente una ilusión que, a la larga resulta autodestructiva, ya que crea las condiciones del surgimiento de crisis socioculturales que aumentan la tendencia al “desorden anómico”, en lo inmediato individual reactivo sincrónico (depresión, pérdida de proyecto de vida, autoagresión, confusión, etc.) y en lo mediato (sincrónico) socio grupal, por ejemplo una degradación caótica (anomia social, marginalidad, transgresión de límites, conflictividad permanente, rebeldía a lo establecido y a las leyes, contracultura antisistema, odio al diferente, resentimiento ideológico, etc.)

La tolerancia hacia cierto “desorden creativo” (efecto del pluralismo comunicacional) y su utilización saludable dentro de límites controlables para el funcionamiento de la convivencia social, hace de la inercial “tendencia al caos” una posibilidad enriquecedora de crecimiento en libertad. Parafraseando a Alberto Cortez: “Ni poco, ni demasiado, todo es cuestión de medida”.

Imágenes:

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