jueves, 8 de febrero de 2024

LA ILUSIÓN DE UN PORVENIR

 Psicología social y cultura política



La ilusión de un porvenir (*)  
por Alberto Farías Gramegna 

“Sé lo difícil que es evitar las ilusiones, y es muy posible que las esperanzas por mí confesadas antes sean también de naturaleza ilusoria” - Sigmund Freud

“Después que importa del después, toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz…”- Virgilio y Homero Expósito

 

E

n "El porvenir de una Ilusión", (1927) Sigmund Freud hace un análisis acerca de la necesidad  humana de "creer" o "ilusionarnos", a través de las ideologías religiosas, políticas, sociales o eligiendo íconos mesiánicos de cualquier índole, y de esa manera contrarrestar los miedos y sufrimientos de la vida cotidiana. Un ejemplo son los integrismos y fundamentalismos ideológicos  por diestra y siniestra que vuelven a asomar su pútrida cabeza en el mundo globalizado de hoy.

Freud nos advierte que “ilusión” y “error” no son sinónimos: “Una ilusión no es lo mismo que un error ni es necesariamente un error (…) Es un error la creencia aristotélica afirmando que la suciedad engendra los parásitos; en cambio, fue una ilusión de Cristóbal Colón creer que había descubierto una nueva ruta para llegar a las Indias. La participación de su deseo en este error resulta fácilmente visible. También resulta una ilusión la afirmación de ciertos nacionalistas afirmando que los indogermanos son la única raza susceptible de cultura (…) Calificamos de ilusión una creencia cuando aparece engendrada por el impulso a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad, del mismo modo que la ilusión prescinde de toda garantía real” (op.cit)

Para que haya ilusión ha de haber un deseo de ocurrencia. Por eso la ilusión no tiene por fuerza que ser falsa, irrealizable o contraria a la realidad posible, en todo caso diremos que nada garantiza que realmente acontecerá en el futuro.

Con la esperanza no alcanza… 

Establezcamos ahora una nueva diferencia que en el citado trabajo aparece reiterada a manera de un “va de suyo”: la que hay entre la naturaleza de la "ilusión" y  la actitud específica que llamamos "esperanza": “Hallándonos dispuestos a renunciar a buena parte de nuestros deseos infantiles, podemos soportar muy bien que algunas de nuestras esperanzas demuestren no ser sino ilusiones”. La ilusión se co-instituye  integrada al pensamiento mágico  (como el de los niños)  y avanza en la dirección al cumplimiento de los deseos con el sólo hecho de pensar en ellos.

La potestad del pensamiento fuerza la realidad  pretendiendo que esta no interfiera con el final deseado. La ilusión desde luego no es privativa de los niños: como adultos más de una vez quedamos enajenados en la fascinación  a la espera del acontecimiento maravilloso que sucederá porque así lo queremos.

Pero a diferencia de la ilusión, la esperanza se relaciona comprensivamente con la posibilidad estadística de que un hecho tenga una razonable posibilidad de suceder  de acuerdo con nuestros proyectos y desde luego también con nuestros deseos: tener la esperanza de ver llover sobre la siembra es distinto a la ilusión de obtener “per se” una buena cosecha. La sola ilusión nos mantiene soñadores pasivos, ingenuos, dependientes de “ver qué pasa”, en la inacción. La esperanza por el contrario nos motiva para seguir construyendo los sueños de nuestras cabezas. Pero con la esperanza no alcanza…hay que agregarle la acción de nuestras manos, acompasadas al ritmo de lo probable o azaroso.

¿Querer es poder?

Debemos diferenciar finalmente “voluntad” de “voluntarismo”. El voluntarismo como forma de alcanzar logros se sostiene en última instancia en otra ilusión: la que piensa que siempre “querer es poder”. La voluntad es sin dudas condición necesaria para iniciar una acción orientada a un logro, pero no es suficiente porque la voluntad como motor del deseo debe crear luego las condiciones de factibilidad de ese logro. El éxito de un proyecto es el resultado de una construcción que se inicia en la esperanza de la efectividad de un emprendimiento, y no el precipitado causal de una ilusión. Si así pareciera derivada en el tiempo, sería más bien por orden de una casualidad. Una esperanza que reposa en la ilusión es una “seudo-esperanza”. El voluntarismo exacerbado como propuesta única de interacción con el mundo -por ejemplo en política- es una seudo-ideología que supone la creencia en la supremacía de las ideas y el triunfo de la voluntad autoritaria por sobre los límites materiales y las leyes que regulan los sistemas sociales, económicos, políticos o culturales. El resultado suele ser siempre el mismo: la frustración, al no aceptar que la omnipotencia es una característica insensata de la inmadurez de hombres y sociedades por lo que los triunfalismos megalómanos sucumben ante la realidad que pone fin a sus ilusiones. Nos dice Jean Cottraux “Toda ideología triunfalista termina por toparse con la realidad, que un día pone fin a sus ilusiones”.

El pasado es un prólogo

Nuestra sociedad, muy afecta a los recuerdos, suele alentar al “sapo cancionero” para que en lugar de construir, siga cantando su deseo, porque “la vida es triste si no la vivimos con una ilusión”. Y si de sapos de trata, los ciudadanos se han tragado muchos a lo largo de la fatigada historia político-institucional del país. La legítima esperanza en un porvenir próspero que restablezca plenamente la racionalidad, la Ley y la honestidad en las aún débiles instituciones republicanas, deterioradas por décadas de actos destituyentes, dádivas ilusorias, divisiones interesadas, mentiras demagógicas y relatos populistas, no alcanza sin embargo, para alejar el riesgo de otra frustración. Es necesario reconocer que los sueños se construyen con las manos y sólo se hacen realidad cambiando críticamente actitudes e ideas culturales atávicas que se han revelado ora anticuadas, extraviadas y necias, ora oportunistas, hipócritas y obsecuentes, ya que detrás de sus seductoras declamaciones grandilocuentes solo habita un vacío nostálgico, una nada anómica. Shakespeare escribió: “El pasado es un prólogo”, porque cuando el pasado modela el futuro el porvenir es sólo una ilusión.

 (C) by AFG 2023- El original de este artículo fue publicado en La Capital de Mar del Plata (2017)

(*) El presente artículo se incluye en el  libro “El árbol y el bosque”, una relación mutuamente condicionante, editado en 2023 en España. 

Imagen https://1.bp.blogspot.com/XmmBbCVhS3U/TeeXguR5HlI/AAAAAAAAAAU/PCRc0yHVGAw/s1600/el%2Bporvenir.jpg

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