sábado, 24 de mayo de 2014

Educando vocaciones...


   Educando vocaciones para elegir en la escuela

Por Alberto Farías



L
a educación (que nunca debe confundirse con la “enseñanza”, ya que la una descubre talentos  y  la otra informa contenidos y entrena rutinas), junto a la vocación (“vocare”, alude a una “llamada” interior de intereses individuales) y al acto final de elegir  una actividad laboral profesional que será expresión  de una identidad  del ser y consolidación de un hacer de rol, constituyen la triada formidable que sentará las bases de la identidad laboral profunda del sujeto.
URL de la imagen:
http://resonancias-oscarmisle.blogspot.com.es/2013/06/de-la-escuela-aburrida-la-inspiradora.html
Pero, -al igual que los mosqueteros de la célebre novela de Dumás- tres que son cuatro, y el D´artagnan de esta historia no es menos importante: se trata nada menos que de la escuela.
El marco organizacional donde la educación vocacional debe ayudar a elegir al estudiante.
Aquí también debemos diferenciar al estudiante, destinatario de la educación que parte del talento personal de cada uno, del “alumno” (que significa literalmente “sin luz”) y que suele ser ubicado por el docente (que no es necesariamente un “maestro” orientador de discípulos) como un número en la nómina del curso. La Escuela es (o debiera ser) el ámbito regio de la filosofía de la pedagogía y por tanto incluir la diversidad escolástica, y donde el maestro educa a los estudiantes en calidad de educandos que luego serán sus discípulos.
Lo contrario de la escuela es “el colegio”, un establecimiento donde el alumno aprende la disciplina de lo igual y la repetición memorística del dogma, a partir de negarse a sí mismo como persona para asumirse como clon de un discurso único con pretensiones de “verdad” que privilegia la respuesta y menosprecia la pregunta.
Analicemos ahora las características intrínsecas de cada una de las cuatro nociones mencionadas

Educación

El objetivo de la educación es contribuir al desenvolvimiento armónico  y complejo de las facultades y aptitudes del hombre: intelectivas, espirituales y físicas, tendiendo al logro de un equilibrio cada vez mayor que favorezca en última instancia el bienestar y la justicia.
Una definición integral de educación se parece bastante a la de salud, en cuanto a que ambas  -salud y educación- se intrincan y complementan en el logro del entendimiento y el bienestar.
Las condiciones materiales  y el equilibrio de las funciones vitales facilitan el entendimiento y la búsqueda de respuestas a los fenómenos culturales y naturales, el cultivo sistematico y asistemático de las capacidades intelectivas por la educación, no solo eleva y fortalece la inteligencia dada, sino que  incide notablemente en el mantenimiento de la salud. Es un interjuego dialéctico.
El espacio reservado al concepto de educación  por nuestro amigo el diccionario es muy extenso. Veamos algunos párrafos que nos dan pie a comentarlos: en primer lugar relaciona la educación  con el crecimiento y la evolucion: “(...) La base de la educación  es un proceso natural  vinculado con el crecimiento, su mantenimiento y mecanismo psicológico  esencial es la aptitud a imitar”. Pero este proceso forma parte esencial de la cultura  aunque se base en aptitudes  “naturales” y por consiguiente no hay educación neutra o simplemente formal. Toda educación es formativa y contribuye mal o bien en la síntesis de la identidad  y personalidad del sujeto que la recibe. Otra cosa es el estudio de los procesos psicobiológicos sobre los que se asientan todas las técnicas  educativas, unas facilitándolos, otras entorpeciéndolos. La pedagogía intenta dar cuenta  científicamente de cómo aprende y en definitiva se educa el hombre. “El peligro máximo de la educación (intervención sistemática) –nos dice el diccionario- es la que podríamos llamar dirigida  y doctrinaria, que se caracteriza por ser rutinaria, cerrada y artificiosa  o bien tendiente a anular o deformar las individualidades masificando, sin favorecer el pensamiento critico.”
Este es, sin dudas, el  tipo de educación impulsado por el pensamiento autoritario y dogmático. Educar, entonces, entendido como aumento de la libertad de elegir, no es enseñar a creer, sino alentar a preguntar, sin apurarse a responder.
No buscar verdades  reveladas, sino entender los procesos y leyes que rigen a hombres y cosas.educar  para la libertad  es enseñar a tolerar la angustia que produce el no saber con certeza. Darse cuenta que la peor educación es aquella basada en el prejuicio, porque el prejuicio es la garantía del desconocimiento.
Como dijimos antes, si bien no hay educación aséptica y educar es adaptar, no toda adaptación es sometimiento, se trata de una adaptación crítica  que favorezca un pensamiento abierto, no dogmático, que dignifique a la persona en lo que la define esencialmente: la libertad.

Vocación

Durante mucho tiempo se considero a la vocación como una fuerza innata e irrefrenable capaz de sortear todos los escollos que se interpusieran entre el individuo y su meta.
La vocación estaba mas allá del carácter y de las circunstancias, era un sino, un llamado interior que le permitía a alguien  “ser lo que debía ser o si no nos er nada”, tal  la sentencia  atribuida al Gral. San Martín.
Modernamente la idea acerca de la vocación ha cambiado, al menos desde el enfoque de los especialistas  (psicólogos laborales, sociólogos, etc).
Nuestro diccionario nos ubica en el origen de la palabra: del latín vocatione, llamamiento. Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera.
Aptitud y atracción por una actividad profesional  determinada .para una adecuada orientación vocacional, la psicología  tiene en cuenta el desarrollo conseguido en  aquellas aptitudes intelectuales que mas directamente están en relación  con la profesión a la que el joven se siente inclinado, y también sus principales rasgos de personalidad.
Remarquemos dos palabras de la reciente definición "inclinación" y "aptitud" y ambas  se relacionan con el concepto de "rasgo de personalidad".
Puede alguien sentirse inclinado o entusiasmado por alguna actividad profesional, pero luego descubrir  que su aprendizaje  le resulte difícil o aburrido porque en verdad no reúne las aptitudes necesarias.
Esto no tiene nada que ver con la inteligencia o la voluntad, sino con la personalidad y los intereses "esenciales" de cada uno.
Sería demasiado pretencioso  intentar definir los elementos que intervienen en la formación de una actitud vocacional; hay factores relacionados con el "Ideal del Yo", (como uno mismo imagina que quisiera ser), factores de presión familiar, de circunstancias económicas, de prestigio social, de tradición, vinculados con situaciones traumáticas de la vida infantil que se quieren enmendar, etc.
Lo cierto es que toda pretendida vocación comienza en una fantasía de ser de tal o cual manera, haciendo esta o aquella cosa en determinadas circunstancias; pasa luego por un momento de decisión  al tener que concretar el tiempo de estudio  real (facultad, escuela técnica, etc) y arriba a un período de crisis al aproximarse la graduación y tener que buscar trabajo.
El grado de desarrollo económico y el tipo de demanda laboral, así como el cambiante prestigio de las tareas y roles sociolaborales, inciden fuertemente a la hora de elegir un oficio o profesión académica.
Ciertas personas de características apasionadas intuyen y definen tempranamente sus intereses por cosas y quehaceres bien determinados, porque reconocen  sin conflicto  que en ellos se expresan claramente sus identidades y sus ideales; otras-la mayoría-  no tiene tan claro sus intereses y por lo general  se sienten desorientadas o confundidas frente al futuro laboral que habrán de elegir.
Es aquí cuando una orientación vocacional ocupacional, que tenga en cuenta no solo las aptitudes, sino también el conflicto y la personalidad del orientado, puede ser beneficiosa y oportuna, ya que buscará una mayor autonomía de criterios al momento de elegir
                                                                                                              
Elección

En variadas oportunidades hemos hablado de la “orientación vocacional” y de su influencia sobre el logro de una mayor autonomía de criterios  al momento de elegir. Y precisamente es sobre esto, la elección, que intentaré hoy comentarles algunos aspectos importantes  que hacen a este acto tan humano.
Es cierto que no puede haber elección sin algún tipo de condicionamiento, es decir que no hay elección en “libertad absoluta”, ya que siempre estamos condicionados de algún modo, por nuestra conciencia, por los prejuicios, por las costumbres, los valores, los límites de la naturaleza o la sociedad, por las fidelidades, las creencias, las culpas, etc.
Pero, a pesar  y con todos restos condicionamientos  a cuestas, los hombres no pueden dejar de elegir a cada instante algo de mayor o menor importancia para sus vidas, y esta elección puede ser considerada como “un acto responsable en una libertad posible” (posible, por las circunstancias históricas que son diferentes en cada uno)
El diccionario, al referirse a la palabra “elección”, enfatiza precisamente que es sinónimo de deliberación, libertad para obrar. Deliberar y obrar dice la definición: pensamiento y acción, he aquí la síntesis de una verdadera elección, su esencia.
Elegir un  oficio, una profesión  es definir o al menos intentar dibujar una identidad, es también recortar –a veces artificialmente- ciertos aspectos  de la personalidad para resaltar otros.
Orientar vocacionalmente a un joven  es una tarea delicada que implica, no solo  “descubrir” una aptitud para resaltarla, sino ayudarlo a pensar una ubicación  ocupacional concreta, sus posibilidades personales y sociales  de arribar a ese rol  laboral que marcará su vida futura.
La orientación vocacional ocupacional, no es un acto adivinatorio, tampoco el orientado es un “elegido”, sino que contrariamente  debe descubrirse un hombre libre  para poder elegir, con los riesgos, las perdidas y el interjuego con los condicionamientos y el azar presente en ele devenir de toda elección.
El orientador vocacional es un técnico entrenado profesional y  universitariamente, para ayudar psicológicamente y utilizando técnicas estandarizadas, a que el orientado descubra, por una parte la vinculación de sus fantasías con los roles laborales pensados, sus conflictos y temores de fracaso y –por otra parte- a facilitarle vías de información  sobre ofertas de capacitación, áreas de aprendizaje y coincidencias o discrepancias  entre lo deseado y  sus posibilidades materiales de concreción.
En resumen la orientación vocacional debe ser un proceso orientado  a su  vez a una meta básica: que el joven mejore su capacidad de autocomprensión y con ello aumente sus posibilidades de elección, es decir de libertad.

Escuela

La sola mención de la palabra “escuela” nos trae  a la memoria  innumerables recuerdos  cargados  de afectos fuertes. Después aparecen, mas racionalizados, conceptos que aluden a las dos  acepciones principales  del vocablo: “institución  organizada física y administrativamente  para brindar  una determinada enseñanza sistematizada” –nos dice el diccionario y agrega- “grupo de personas o conjunto  de ideas que responden a una doctrina  filosófica o científica  diferenciada de otras”.
Así que nosotros tomaremos aquí  a la “escuela” en sentido pedagógico estricto, como expresión concreta  de un sistema que educa al enseñar, con su conjunto de preceptos, reglamentos y su currícula de enseñanza, es decir con una concepción  del  educador, del educando y el método que los vincula en una dramática cotidiana. La institución educativa -tomada en su globalidad- está  en crisis universalmente, y en nuestro país  ha llegado a un límite  tal que  hoy cuestionamos  su misma capacidad para sobrevivir a una existencia meramente formal. El aislamiento de la realidad  circundante, los vínculos autoritarios “al uso” , la rutinización  y vaciamiento de los contenidos de la enseñanza, el predominio de las respuestas superficiales por sobre los interrogantes profundos a la manera -¿por qué no? del diálogo socrático y otros  tantos aspectos coincidentes como la falta de presupuesto, los bajos salarios docentes, la sindicalización cooptada por la partidización política de las agrupaciones profesionales, la mediocridad de las capacitaciones, el bajo desempeño del recurso profesional  por carencia de capacitación de calidad, la enorme burocratización de la estructura institucional y por fin la crisis vocacional  (1) del magisterio. Todas estas características  negativas de la escuela  actual en tanto que colegio, dan un  tono dramático a una institución de crucial importancia  en el desarrollo de una nación.
Al  mismo tiempo, es frecuente confundir el concepto de lo público con lo estatal: se confrontan realidades de la escuela pública  y la llamada escuela  privada. Ambas son públicas, en sus objetivos  y su sometimiento al control normativo del Estado  “en representación del bien común”.
Y es esta calidad de “bien público”  que puede o no coincidir con “propiedad pública” (estatal) o privada, la que no debe perderse de vista al momento de pensar hacia donde desembocara esta crisis del sistema educativo.
La educación es un bien social y por consiguiente sus características  y sus métodos no pueden quedar exclusivamente  en manos de los educadores, de los empresarios, ni de los tecnócratas gubernamentales.
Su accesibilidad debiera estar garantizada así como su excelencia  y continuidad, al igual que cualquier otro servicio publico, este o no privatizado, como la electricidad, el agua, el gas o el teléfono.  Por eso, no se trata de discutir  solamente si tiene  que haber mas escuelas estatales que privadas o viceversa, sino de examinar y discutir el modelo educativo general  y por consecuencia el de la institución escolar en su conjunto y conseguir de una vez por todas  que se adecue a las exigencias de la sociedad global del Tercer Milenio ,en constantes cambios y una enorme demanda de capacitación.
Se hace imprescindible un consenso racional alejado de las ideologías del discurso dogmático, entre la llamada “comunidad educativa” y el resto de la sociedad (2) -ya que como se ha dicho “la educación es demasiado importante como para dejarla solo en manos de los educadores”- sobre un cambio esencial y no solo formal de la filosofía educativa.
Cambio que implique la consideración del contexto en el que se educa y se imparte la enseñanza, y que incluya además necesariamente un cambio radical en el vínculo  entre el estudiante, el maestro y los padres, ya que -como se ha dicho- educar es mucho más que instruir. (3).

(1)     ver  “Vocación” y “Elección”  Diccionario de la Vida Cotidiana, Farias A. “Cambio 21”  ( Nro. 26 y 27, junio   1993).
(2)     ver  comunidad y sociedad en “Participación y protagonismo”, A.Farias “ Pagina 12”, (18-10-90)
(3)     ver “Educación” Diccionario de la Vida Cotidiana, A Farias,”Cambio 21” (1993) 


© by blog af 2014

……………………………..

No hay comentarios:

Publicar un comentario