miércoles, 18 de junio de 2014

Proyecto personal y...


Calidad y proyecto de vida en la sociedad argentina

“Proyecto personal y proyecto social”

Por Alberto Farías

rrhh@albertofarias.com


La, población argentina asiste por momentos angustiada y por momentos pareciera indiferente al espectáculo de una agobiante realidad cotidiana vinculada con la ineptitud política, la violencia sociocultural , la desocupación, la inflación, la corrupción, la pobreza , la delincuencia, el autoritarismo, la discrecionalidad del poder, etc.
Con mayor o menor espectacularidad e importancia social todas y cada una de esas lacras, pinta un aspecto de la realidad cotidiana  e impacta en la gente más o menos intensamente según la situación por la que cada uno este atravesando, la personalidad, sus creencias ideológicas y los recuerdos de las experiencias vividas en otras épocas.
Pero hay un factor constante que recorre todas las situaciones relatadas y se entronca con las expectativas que genera todo proyecto de vida: ese factor es, sin duda , la  vivencia de inseguridad, física en primer lugar e inseguridad en cada intento de pensar el futuro.
El tema del sentimiento o vivencia de seguridad-inseguridad   puede rastrearse desde las primeras etapas de la vida  y constituye un elemento central a la hora de entender  una conducta circunstancial o establecida en la personalidad.

La dialéctica seguridad-inseguridad abarca tanto a la preservación del organismo como a la autoafirmacion del Yo, es decir a la autoestima.
Así como el sentimiento de seguridad aumenta la capacidad de la persona  para conocer y transformar el medio y fortalece los proyectos  que gratifican al  Yo  (prestigio, logros materiales, afectos, conocimientos, diversión), por el contrario el sentimiento de inseguridad empequeñece al Yo, afectando seriamente su confianza para obrar sobre las  cosas según una planificación tendiente al logro de metas gratificantes, es decir afecta directamente la capacidad de realización de proyectos.
Si referenciamos estos mecanismos psico-sociales a los temas mencionados al comienzo de esta nota, veremos que la visión de la violencia moviliza profundos mecanismos de control de la agresividad y cuestiona la idea de convivencia.
Que la desocupación, por ejemplo, no solo altera procesos de rutina vinculados con la sobrevivencia, sino que hiere ferozmente la autoestima y la llamada “identidad de rol”, es decir el lugar que se ocupa dentro  del proceso de interacción social.
Que la corrupción no sancionada legalmente, por citar otro aspecto de la realidad cotidiana,  dispara sentimientos de desconfianza e impide que cada uno encuentre en los valores morales una fuente de legitimo orgullo, ya que sin sanción, los actos antisociales  pueden terminar en la autojustificación como formas diferentes de ser y actuar en sociedad, es decir “todo resulta según el cristal con que se mire”.
Sin patrón valorativo absoluto y consensuado, el bien y el mal se confunden como destellos en el agitado interior del caos.

Proyecto de vida

Proyecto es implícitamente futuro. Pero, injusticia, violencia, desocupación y descrédito atentan perturbadoramente contra la posibilidad de sostener un proyecto de vida (afecto, estudio, trabajo, conocimiento) porque introducen el factor inseguridad en la dimensión del tiempo y anulan la previsibilidad constructiva.
Una gran parte de la población tiene  enormes dificultades en sostener proyectos, por eso vive solamente “el hoy”  y eso tiene consecuencias  importantes  en la salud mental, los valores y el progreso cultural, toda vez que el hombre se eleva por sobre lo natural, precisamente por su capacidad para postergar lo inmediato para imaginar y concretar una meta siempre ubicada mas allá del momento, en las utópicas comarcas del Ideal.
Pero claro está que esta postergación no puede hacerse a costa de necesidades básicas vitales. Al mismo tiempo, el esfuerzo social de la mayoría de la población, aquella de comportamientos cotidianos previsibles y rutinarios, está fuertemente anclado a la idea de mejora y superación personal  en un ámbito de libertad, respeto por las diferencias y  mayor igualdad de oportunidades.
En este contexto social y psicológico, cada  vez que aparecen perspectivas de cambios institucionales se abren esperanzas y al aire de la convivencia se renueva.
Así por ejemplo, las próximas  elecciones generales del año que viene, - aún teniendo en cuenta el  escepticismo  actual  del ciudadano medio ante los políticos vernáculos y la desafección por las instituciones - permitirán el surgimiento de un valor positivo agregado al del propio mecanismo democrático: el de la mística del cambio y reparación de los errores cometidos, asociado directamente a la idea de “tener un proyecto” de crecimiento personal, arropado en un proyecto serio y factible de crecimiento y bienestar de la sociedad en la que se vive.


……..


No hay comentarios:

Publicar un comentario