lunes, 21 de septiembre de 2026

Y LLEGO LA PRIMAVERA...



                           
¡Y llegó la Primavera!

Por Alberto Farías Gramegna

textosconvergentes@gmail.com 


L

a palabra “Primavera” proviene del latín vulgar prima vera, y este del latín primum, primero, y ver, otra vez, por vez primera. Hoy, estimado lector, por calendario oficial comienza la Primavera en el hemisferio Sur, aunque -según el ciclo solar-planetario- el equinoccio vernal (así se llama a la posición relativa sobre el Ecuador terrestre alcanzada por el sol en su “viaje” de norte a sur) inicia entre el 22 y el 23 de setiembre.

La Primavera, semánticamente, es una “primera-mirada” de algo, y la simbología lo traduce como ver con nuevos ojos, rever, renovarse, renacer. Primavera, spring, printemps, frühling, en cualquier idioma es un anticipo a “primera vista” del esplendor cálido que vendrá en el próximo Verano. Leemos que “antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César en el 45 a.C., el año empezaba en marzo y con él la Primavera, la estación más importante, pues suponía el inicio de una nueva vida en plantas y animales. Por ello, y para subrayar este aspecto, se llamó a este periodo primo vera, convertido en latín vulgar en Primavera.” (cf. Hiven news.blogspot.com)

Primavera es renacimiento, anticipo del verde que vendrá, es cambio y templanza. Es también verdad (“veritas”) del que espera recrear la esperanza. La llegada de la Primavera crea entonces las condiciones recurrentes, hormonales y psicológicas, para la expansión (y la explosión) del erotismo (“Eros”: vida).

Recuerdo que, en mi infancia, la abuela Angelita solía canturrear una melodía en un extraño dialecto parecido al italiano, y decía más o menos así: Apre gioia la finestra per un nuovo giorno, che è primavera”. Yo intentaba traducirla en una segunda voz: Abre criatura la ventana al nuevo día, que es primavera” ...

Eran los días de la primavera de mi vida, dulce pájaro de primorosa juventud … ¿quién lo dijo así? Tal vez lo leí en algún libro de poemas mientras mi tía Nelly tocaba el piano en la amplia sala de la casona de Caseros, cuando las calles eran de tierra y las lluvias mojaban las camelias del jardín. Me fascinaba el movimiento “La Primavera” de las “Cuatro estaciones” de Vivaldi. Su descripción auditiva parece reflejar el viento y los pájaros, la energía sutil de un tiempo ideal en que el hombre se fusionaba mejor con el entorno. En Primavera la gente se muestra más espontánea, porque trasluce el cuerpo y retoma la energía que mantuvo baja para “pasar el invierno”.

Asociando libremente (como diría un psicoanalista) pienso en aquel liviano tema bolichero “Vuelve, vuelve, primavera”, interpretado por los efímeros Blue Caps -y que también grabó el mítico Johny Tedesco-.

Allá lejos y hace tiempo, de pantalones acampanados y pelo largo con patillas, amábamos la Primavera tanto como los jóvenes ahora. Y del boliche paso al cine, con “La última nieve de Primavera”, finales del 73, con la adorable Agostina Belli y una historia triste no muy acorde al espíritu de la estación.

También al gran Antonio Machado le pegó -con cierta melancolía- la primavera de sus años juveniles: en “La Primavera besaba”, -un simple poema- dice “Bajo ese almendro florido/ todo cargado de flor/-recordé-, yo he maldecido/mi juventud sin amor/. Hoy, en mitad de la vida/me he parado a meditar.../! Juventud nunca vivida /quién te volviera a soñar!”

Y en “Doña Primavera”, Gabriela Mistral nos alienta: ¡Salid a encontrarla /por esos caminos! / ¡Va loca de soles/ y loca de trinos! / Doña Primavera, /de aliento fecundo, / se ríe de todas /las penas del mundo...”

Y por fin mirando al cielo de setiembre veremos el perpetuo retorno del quizá máximo símbolo de libertad y vida: las golondrinas. Y claro, es Bécquer el que, con su pluma, pone el clásico final mostrando que la Primavera es retorno y es recuerdo, es vida y esperanza, pero también letanía de un tiempo que ,aunque eterno, nunca se repite a sí mismo, por eso… “Volverán las oscuras golondrinas /en tu balcón sus nidos a colgar, /y otra vez con el ala a sus cristales, /jugando llamarán; / pero aquellas que el vuelo refrenaban /tu hermosura y/ mi dicha al contemplar; / aquellas que aprendieron nuestros nombres, /esas... ¡no volverán!”.

 

(*) Publicado originalmente en el diario La Capital de Mar del Plata

 

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