La
personalidad en el trabajo
(“Persona”, “Personaje” y la
dialéctica identitaria entre el ser y el hacer)
por Alberto Farías Gramegna (*)
La personalidad es un concepto complejo siempre mal
usado por el habla cotidiana y sobre el que ni siquiera los especialistas se
han puesto aún totalmente de acuerdo. Se podría esquematizar intuitiva y
vulgarmente diciendo que “es la descripción más o menos objetiva que hace
alguien sobre la manera (medios y fines) en que la otra persona se comunica en
cuerpo y mente, consciente o no y en tiempo real, con su entorno inmediato”.
Claro que aquí para descartar el factor subjetivo del observador ocasional debemos
referirnos a una descripción “tipo”, es decir cuando muchas personas coinciden
sobre las características de otra. Esto a veces se expresa en los dichos
populares: “Fulano es muy divertido”,
“Mengano es un tipo demandante”, etc.
Son resúmenes de uno o más rasgos pregnantes de la personalidad de cada quien.
La personalidad dogmática: la dialéctica entre “persona” y “personaje”
El
concepto de “dogmático” es más sencillo de explicar: proviene de la creencia en
que todo se explica desde un solo lugar de interpretación: el dogma. Este es la
manera general discursiva de intentar acomodar la realidad a mi idea sobre esa
realidad: la “realidad subjetivada” (percibida) y que se expresa luego de
sufrir un proceso de interpretación por el tamiz del dogma, en “realidad
subjetiva”, es decir dogmática: “Aquí las
cosas siempre se hicieron así. Y no veo la necesidad de cambiarlas…” ¿El
pensamiento dogmático surge en una determinada personalidad o esta “lo adopta”
porque le es funcional a su manera de interactuar con el mundo? No debemos aquí
buscar la disyunción propia de las dicotomías. Más bien es la conjunción la que
parece adecuada. La interacción está en función tanto del individuo como de la
situación, la que se interpretará singularmente con arreglo al “sí mismo” de cada uno.
La
personalidad no está dada desde el inicio de la vida. Es una lenta construcción
dialéctica entre biología, ambiente y cultura, como se ha dicho. Por lo tanto,
serán las “formas” y los “modos”, fuertemente influidos por la emocionalidad
(factor a que -en mi opinión- no se le presta aún la importancia que tiene),
las que consolidan las “creencias” que luego habrán de expresarse
dogmáticamente. La persona en interacción con su medio ambiente social
construye su personaje, en sus diferentes roles: laborales, profesionales,
sociales, etc. y recíprocamente el “personaje” remodela la identidad del ser de la “persona” y en caso de la adopción de una
“ideología”, -que es un sistema de interpretación de la realidad coherente y
omniabarcativo-, esa identidad se potenciara de manera sesgada.
Por otra parte, en el caso de existir un discurso dogmático elaborado que llamamos “totalizante” (ideologías diversas, sean laborales, sociales, políticas, místicas, etc.) resultara de una etapa posterior, en la que el sujeto adecua funcionalmente su personalidad a un “justificativo” existencial: “soy, pienso y actúo así, porque profeso la fe en tal o cual doctrina que me conforta certificando la verdad en la que creo sin necesidad de verificación alguna”.
La personalidad en el trabajo
Las
personalidades dogmáticas tienen poca o ninguna capacidad para adaptarse
plásticamente a los cambios, más allá de sus cualidades intrínsecas. Son
“reaccionarias” ante los cambios o ideas diferentes a sus creencias, prejuiciosas
y rígidas en sus asertos. A la manera del mítico Procusto pretenden recortar
los comportamientos para hacerlos entrar en sus lechos doctrinales, sin evaluar
los pro o contras y contrastar con otras ideas complementarias. Lo he visto en
los últimos diez años de mi trabajo en el ámbito de las organizaciones y los
RRHH. A partir de los talleres de capacitación laboral y discusión de las
estrategias y tácticas de trabajo en equipo, he sostenido -y lo explico en
detalle en uno de mis libros (1)- la importancia de tener en cuenta la
transacción entre las necesidades de la persona y los requerimientos del
personaje socio laboral, articulados por el “estilo de personalidad” y
condicionada por los objetivos laborales y situación contingente. También que
las representaciones que tenemos de las cosas y los procesos se asientan predominantemente
sobre creencias, pacientemente construidas a lo largo de la socialización
individual. Pienso luego soy, luego hago.
No
hay una sola manera de hacer las cosas, por eso es importante la idea de “la persona justa en el puesto justo”, es
decir el trabajador en el rol que mejor coincide con sus habilidades, talentos
y capacidades. El ser condiciona muchas
comprometiendo el hacer, pero también
dialécticamente el hacer puede
reformar en parte al ser: porque el ser no nace, se hace.
(*)
Psicólogo institucional. Consultor organizacional en RRHH y Psicología del
Trabajo
(1)
“Ser en el hacer” (2024) R&S Ediciones, España.

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